Presentación Román de la Calle

María Dolores Mulá: LA PINTURA COMO AUTOBIOGRAFÍA

“Considero la obra de arte como una especie de organismo vivo, que está sometido a las mismas leyes físicas que la propia vida; un organismo en constante cambio y evolución donde, por una parte, se puede apreciar la presencia de una cierta energía cósmica pero, por otra parte, también las huellas de la inteligencia».

Edgard Varèse

1. Diálogos entre las imágenes y los textos

“El propósito de las palabras es transmitir ideas. Cuando las ideas se han comprendido, las palabras se olvidan. ¿Dónde puedo encontrar una persona que haya olvidado las palabras? Con esa persona me gustaría hablar”.

Zhuàng Zi


Ciertamente hace ya algunos años que –a través del entrañable Sixto Marco, como excelente amigo común– tuve primero simple noticia y luego la oportunidad de conocer directamente el trabajo pictórico realizado por María Dolores Mulá (Vila de Cercs, Barcelona, 1953), asentada en Elx desde finales de los años sesenta, de manera definitiva, aunque pareciese más bien intermitente, a juzgar por sus reiterados viajes y continuos desplazamientos. Por mi parte, ya en aquel entonces pude constatar, de inmediato, al conversar y departir ampliamente con ella, que, por su parte, había decidido unir, de forma estrecha, determinante y radical, su vida a la pintura y al grabado. Posiblemente sean éstas las dos caras más relevantes y versátiles de su quehacer artístico.

La verdad es que, desde hace ya prácticamente dos décadas –más o menos– he ido recibiendo, de forma periódica, constantes informaciones y referencias en torno a su itinerario artístico. De esta manera, tanto por estricto interés profesional como por preocupación personal, he podido recopilar y completar, en mi archivo personal, un buen bagaje seleccionado de imágenes y de textos, relativos al diversificado trabajo de María Dolores Mulá. Tales materiales –con la ayuda de un buen puñado de inquietos colaboradores académicos de mi entorno universitario más próximo– forman ya parte de la investigación colectiva, dirigida a la elaboración de un útil y minucioso Repertorio bibliográfico de artistas valencianos contemporáneos: 1950-2000, que hemos podido llevar colectivamente a cabo, en algo más de un lustro de dedicación y de trabajo, y que ha estado respaldada conjuntamente, mediante convenio, por la Universitat de València-Estudi General y por la Institució Alfons el Magnànim.

Justamente, para poder redactar el presente texto, he vuelto de nuevo, con la necesaria parsimonia y atención, a enfrentarme a una buena parte de sus obras; he recurrido a sus numerosas imágenes y a las diversificadas informaciones recogidas en entrevistas y comentarios de prensa; he entresacado las reflexiones contenidas en determinados escritos de catálogos y también he acudido, con obligado interés, a otra serie de documentos manuscritos, de carácter quizás más privado, a los cuales generosamente se me ha permitido acceder, para esta singular ocasión.

Comenzaré, pues, constatando que ciertamente, la mayoría de imágenes generadas por María Dolores Mulá en sus numerosas pinturas y grabados pueden ser asociadas –como efectos descriptivos de su recepción– a determinados términos lingüísticos, que conllevan quizás fuertes connotaciones poéticas. ¿Cómo no relacionar las imágenes con los términos expresivos que ellas mismas motivan? ¿Cómo no vincular las obras, de alguna manera, con los efectos de su recepción?

En esa misma línea, otro tanto cabría afirmar de la mayoría de textos que han acompañado, por lo común, a tales imágenes, en la edición de los correspondientes catálogos y publicaciones. Las palabras y los textos serían, estrictamente hablando, efectos pragmáticos de las imágenes (J. F. Lyotard). Es decir que este tipo de escritos a menudo han adoptado lo que bien podría describirse y calificarse con la oportuna fórmula del “artifex additus artifici”.

Tal recurso puede considerarse, por tanto, como oportuno refuerzo literario que acompaña a las propias imágenes, en ese particular y sobrevenido encuentro donde dialogan la escritura y la representación, las imágenes y las palabras, homogeneizados ambos niveles programáticamente en esa especie de denominador común, que es la persistente fuerza evocadora de la poeticidad. No en vano las obras, de uno u otro modo, “necesitan ser habladas”, exigen ser arropadas por el lenguaje, igual que lo son por nuestras miradas. He ahí, pues, una fecunda escala de relaciones y secretos intercambios, que se establece entre las imágenes, las miradas y las palabras y de la que no podremos zafarnos tampoco nosotros mismos.

Diríase, en consecuencia, que los textos, cargados de una cierta artisticidad intrínseca –fruto inmediato de la mirada del “artifex”– se suman y añaden, estratégicamente, a las imágenes de las obras –”additus artifici”– para preanunciar y/o reforzar sus congénitos caracteres poéticos, algo que emana de inmediato de las alusivas publicaciones, funcionando así como eficaz barandilla auxiliar del efectivo y necesario encuentro posterior y directo con las obras expuestas. Aunque, una vez transcurridos los años y consultados –”a tergo”– aquellos catálogos y escritos, su función comunicativa se haya convertido, ya ahora, en documento estrictamente recordatorio y sustitutivo de aquellas pasadas e irrepetibles experiencias estéticas, habidas directamente frente a las obras. Tal sea, posiblemente, lo que a mi me ha sucedido, en esta ocasión, al confrontar, a posteriori, imágenes y textos, textos e imágenes, en sendas lecturas cruzadas. 

Imagino, pues, por un momento, que ya tengo la monografía de María Dolores Mulá entre las manos, con la perfecta articulación de aquellos textos, que fueron en su día la mejor carta de presentación hallada, para legitimar las correspondientes muestras individuales de la artista, junto con los escritos explícitamente redactados ahora, como relectura distanciada y estimativa de la trayectoria integrada. A nadie extrañará, por tanto, que directamente me haya asaltado una obligada y lógica pregunta: ¿qué función estratégica puede eficazmente desempeñar, en tales circunstancias, un nuevo texto (otro más), con un fuerte carácter metatextual –aunque en este caso azarosamente se trate del texto mío, que ahora mismo estoy simultáneamente redactando y releyendo–, para añadirse, creo que con pleno derecho, a los demás textos, frente / junto al itinerario global del quehacer artístico de María Dolores Mulá?

La pregunta, a pesar de su patente y connatural retoricidad, como cabe suponer, no es ni mucho menos baladí, como tampoco podrá serlo la respuesta que